¿Quieres saber Quién Soy?

SOY SARA ALBALADEJO,
Y ME CONSIDERO UNA EMPRENDEDORA FELIZ

¿Y por qué te cuento esto?

Por varias razones. Porque mi objetivo cuando decidí convertirme en emprendedora era ser feliz ayudando a otros emprendedores a serlo también

 Y además, porque mi experiencia me ha enseñado que aunque el proceso es una sucesión de altibajos y acumulación de tareas, al final la libertad y la satisfacción que te aporta trabajar en tu propio proyecto y cumplir tu propósito proporciona mucha felicidad. Y no lo decimos suficientemente.

pero antes de conocer mi historia…

¿Qué Puedes esperar de mí en esta web?

y  todo esto se sustenta en

mis Valores

Vamos allá

Te cuento Mi Historia

Nací en 1994, la última de cinco hijos, en Madrid, una gran ciudad en la que hay numerosas oportunidades laborales, pero también mucha competencia y donde es complicado entonces que valoren tu labor en el trabajo. Soy la última de cinco hijos. Mi familia es humilde, así que desde los 15 años ya cuidaba niños, compaginándolo con mis estudios, para ganar algo de dinero. Mi primer trabajo reglado comenzó con 19 años: en una pizzería.

 

Si te digo la verdad, esa época la recuerdo con gran cariño porque aunque compatibilizaba el trabajo con la universidad, lo tenía lejos de casa y solía salir bastante tarde, conocí a un grupo de compañeros maravillosos, el ambiente laboral era perfecto (aspecto que aprecio mucho porque no es fácil de conseguir), y me valoraban en mi trabajo.

 

Sin embargo, esta empresa quebró, de modo que me puse a buscar un nuevo trabajo. Lo encontré bastante rápido, otra vez como pizzera (después de mi primera experiencia, no me importó seguir trabajando como auxiliar de tienda). Y si bien sí que me valoraron al ofrecerme trabajar una parte de mi jornada laboral como técnica de RR. HH(donde se abrió un mundo nuevo para mí) haciendo entrevistas, formando a las nuevas incorporaciones, etc., en la tienda el ambiente era muy malo.  Teníamos una encargada que no paraba de gritar, incluso  estando de buen humor, por lo que después de un año y medio decidí cambiar de trabajo.

Por cierto, no te he comentado que mientras trabajaba, estudiaba la carrera de Sociología. La historia de cómo acabé en esta carrera también es bastante anecdótica, puesto que en el momento en que hice selectividad no tenía ni idea de la existencia de esta carrera. Quería estudiar Publicidad o Comunicación Audiovisual, pero no me dio la nota por unas décimas (vaya disgusto que me llevé ese día…, pero en la vida ¡todo pasa por algo!) y terminé de rebote en Periodismo, que era mi última opción. 

Estuve un año, también maravilloso, estudiando Periodismo, pero no me entusiasmaba. La idea era cambiarme al año siguiente a Comunicación Audiovisual, pero sucedió algo inesperado… ¡La vida! Lo que ocurrió es que tenía una asignatura de Sociología y me apasionó, me descubrió la posibilidad de aprender muchísimo, entender el funcionamiento de la sociedad desde todas las perspectivas posibles: economía, historia, derecho, estadística, demografía, población, teorías sociológicas, psicología social, problemas sociales, familia, género, etc.

Verdaderamente esto para mí fue un descubrimiento, ya que una de las cosas que me caracteriza es mi pasión por aprender, saber cosas nuevas; y esta carrera me mostraba la posibilidad de conocer el mundo desde múltiples perspectivas. Pero es cierto que es una carrera con un futuro laboral incierto, a pesar de yo tener algo de suerte. Y precisamente gracias a estudiar Sociología comencé a trabajar en el ámbito de los Recursos Humanos. Pues por si no lo sabes, las empresas piensan que un sociólogo ha estudiado para trabajar como técnico de RR. HH., aunque realmente no tenga mucho que ver.

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"me encanta
aprender"

Como las oportunidades laborales en otros ámbitos, a saber,  estudios de mercado, análisis sociodemográficos, técnico de problemas sociales o investigador sociológico eran muy escasas, recursos humanos lo vi como una buena oportunidad para abrirme camino y ganar dinero. Bien sabemos que en todos lados te venden que encuentres un trabajo estable lo antes posible, donde pases la mayor parte de tus días, para ganar un salario que te permita comprar una casa y vivir con lo justito, (¡menudas aspiraciones…!).

 

Estaba tan cansada del mal ambiente laboral que después de un año y medio conseguí unas prácticas como auxiliar técnico de Recursos Humanos en una empresa de alimentación muy conocida y, lo cierto es que el cambio fue muy bueno; al menos ya nadie me gritaba mientras trabajaba, cosa de agradecer.

 

Sin embargo, apareció un nuevo enemigo laboral: la infravaloración, que marcaría los siguientes años. Me sentía infravalorada porque a pesar de trabajar como todo el mundo, mi salario no se correspondía. Trabajaba a media jornada, eso sí, puesto que seguía estudiando y sacando buenas notas, claro. No tenía más opción que esa al estudiar con beca, por lo que si hubiese suspendido alguna, habría tenido que posponer mis estudios;  en casa no había dinero para la Universidad.

 

Y mi sueldo no se correspondía debido a que, entre otras cosas, había funciones que únicamente realizaba yo. Y  cuando me iba a ir, tras un año en la empresa, empezaron los nervios por ver quién aprendía esas tareas que solo yo me encargaba de hacer. Esa época fue dura. Finalizaba mis estudios, tenía que hacer mi TFG, trabajar y estudiar inglés, pero por fin acabó. 

El 7 de julio de 2018 finalizó todo a la vez. Me gradué en Sociología y me quedé en el paro (sin paro, por ser becaria).

 

De repente, no sabía qué hacer con mi vida. Había estado tanto tiempo ocupada, sin apenas un momento libre que cuando lo tuve me sentí perdida y desconocía qué pasos seguir. Además, después de ese año tan difícil para mi, se me habían quitado las ganas de hacer una de las cosas que más me gustan en mi vida: aprender.

 

Como consecuencia de sentirme así, empecé a buscar trabajo en otros ámbitos fuera de los RR. HH. ya que también había acabado un poco cansada; pero para mi sorpresa nadie quería contratarme. Apenas vi que no tenía muchas posibilidades y mis pequeños ahorros se esfumaban, inicié una búsqueda de trabajo como técnica de Recursos Humanos de nuevo, pero tampoco tuve suerte (no me ilusionaba el trabajo, así que no creo que transmitiese verdadero interés).

 

Finalmente, ya desesperada por trabajar, proseguí mi andadura en otra cadena de supermercados también muy conocida, pero esta vez como cajera. Al principio, estaba muy contenta por tener trabajo en algo nuevo. Pero en cuanto pasaron 2 meses, sentí que me quemaba por dentro. En este trabajo me sentía poco valorada; es un trabajo necesario, pero muy monótono y sin un buen ambiente. Echaba de menos la oficina. Estaba acostumbrada a más movimiento en mi jornada laboral y priorizo el ocupar mi tempo de forma productiva que el dejar pasarlo aun cobrando por ello.

¿Entiendes por qué
el ambiente laboral
es tan importante
para mí?

Hastiada e infravalorada, continué mi búsqueda de trabajo como técnica de Recursos Humanos. Se me dio una oportunidad de cambio laboral en una Empresa de Trabajo Temporal de Hostelería. Recuerdo ese día de lo más feliz por cambiar de empleo, aunque ya en la entrevista me avisaron de que haría horas de más. Pero en aquel momento todo me parecía maravilloso, ¡iba a salir de las cajas! Además, el contrato era de tres meses prorrogables y me permitía la opción de seguir estudiando el año siguiente, pues también decidí en aquellas cajas retomar el aprendizaje.

Para mi sorpresa, no todo fue fabuloso. El ambiente era neutro y nadie me gritaba (punto a favor), pero realmente tampoco salía nunca de trabajar a mi hora. Era un trabajo muy estresante, hacíamos guardias los fines de semana y encima volvía a sentirme infravalorada. No me enseñaban nada nuevo y mis monótonos días aumentaban aún más mi agobio hasta el punto de llegarme a plantear si era yo el problema, por ser inconformista. Pero ahora sé que simplemente no había encontrado mi sitio todavía.

Por otra parte, en este trabajo el estrés e incomodidad provocaron que los domingos me diesen ataques de ansiedad. Pero no hice caso a mi cuerpo: tenía un plan, quería estudiar un máster en septiembre y había que ahorrar y trabajar. Y llegó un día en que me encontraba fatal, fui al médico y me diagnosticaron vértigos. Pero se me pasaron y continué con mi plan: trabajar-ahorrar-estudiar. Por no mencionar que se me juntó con una situación personal angustiosa.

A finales de verano, de nuevo tuve vértigos mucho más fuertes derivados del estrés. Sin duda una época complicada, que además empeoró mi situación personal debido a una ruptura. 

Finalmente acordé con la empresa terminar el contrato y dedicarme a estudiar. Sin embargo, esta decisión me cogió en un estado emocional y físico bastante perjudicado, e ir a clase no solo me aburría sino que persistían mis ataques de ansiedad. 

¡¿Pero esto qué es?! ¿Otra vez soy una inconformista?, me pregunté. No. No era para mí ni el momento, ni el máster adecuado. 

Nuevas enseñanzas de la vida: 

  • Escucha a tu cuerpo si no estás a gusto porque si no, te lo dirá más fuerte.
  • La vida da muchas vueltas. Cualquier plan puede cambiar, y ello es maravilloso porque te brinda infinitas oportunidades.

"De repente
volví a sentir
vitalidad y pasión
dentro de mí"

Y justo en esa etapa, aparece un anuncio en mis redes sociales de la Escuela Nómada Digital, con Antonio G., sobre la reinvención profesional y el nomadismo digital. ¡Qué revolucionario!

Siempre me había gustado la idea de tener mi propia empresa y trabajar con libertad horaria y geográfica. Esto sí que me apetecía. Era una formación totalmente diferente a lo que yo había experimentado y se centraba en el desarrollo de negocios online. De repente, sentí vitalidad y pasión dentro de mí. Y pese a que realizar esa formación suponía agotar todos mis ahorros, di el paso. Lo di sabiendo que iba a aprender muchísimo, y que independientemente de los resultados que tuviese con mi empresa, el aprendizaje iba a ser brutal.

Efectivamente esta formación no se quedó corta. Ocurrió el año pasado. He aprendido muchísimo, me he conocido más a mí misma, me he reinventado profesionalmente en una profesión que me hace feliz y sentirme ¡por fin! realizada. He creado mi propia empresa para ayudar a emprendedores digitales a tener éxito y a optimizar tu tiempo mediante planes de acción y estrategias empresariales. Y lo más importante: he encontrado mi sitio donde trabajando soy felizDespués de esa formación llegaron otras con diferentes referentes en el mundo de los negocios online: Alejandro Novás, José Luis Vives, Juan Carlos Castro y Sergio Fernández.

No era una inconformista, lo que sucedía es que mis anteriores trabajos no se alineaban con mi propósito, que  se fundamenta en ayudar a prosperar a las personas. Tampoco con muchos de mis principales valores: aprendizaje, empatía, pasión, comunicación y proactividad. Ni con mi sueño de tener libertad geográfica y temporal para desempeñar mi trabajo (nunca entendí la poca productividad de tener un trabajo con horario fijo. A veces tienes que trabajar más, pero muchas otras tienes tiempos muertos).

Así es como en 2019 nació Despeja tu Agenda, donde me enfoco en ayudarte y acompañarte en tu proceso de emprendimiento. Te ayudo a crear planes de acción y a tener estrategias para optimizar tareas, aumentar tu tiempo productivo, poner el foco en lo que más te necesita, obtener los resultados que deseas e impulsar tu negocio.

Trabajo Feliz Ayudando a Emprendedores Digitales Para Impulsar Tu Negocio

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